fuente: https://thehackernews.com/2026/08/growing-up-hard-way.html
El código abierto tuvo una infancia maravillosa.
Durante dos décadas, se comportó como un niño. Corría descalzo, lo regalaba todo, confiaba en desconocidos y jamás se preocupó por quién lo observaba. Era como un puesto de limonada que aceptaba pagarés de cualquiera que se acercara: "Toma lo que necesites, págame cuando quieras, sin necesidad de dejar nombre". Era idílico. También, en retrospectiva, un poco salvaje.
Luego, alrededor de 2020, su voz empezó a quebrarse. Intentó dejarse crecer la barba. Le salieron granos por todas partes. SolarWinds, luego Log4Shell, después TeamPCP y Shai-Hulud: la cadena de suministro despertó una mañana como al final de El juego de Ender: la simulación había sido real todo el tiempo. Eran batallas reales. Sistemas reales, dinero real, personas reales, todo ello basado silenciosamente en un código que habíamos tratado como un entrenamiento. Y entonces llegaron los adultos con las reglas: órdenes ejecutivas, regulaciones europeas, permisos para la mitad de los lugares a los que quería ir.
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